La humedad es una patología de cuidado en la construcción y, si no es debidamente prevenida o controlada, sus resultados pueden afectar gravemente la calidad de la edificación. Se trata de un tema que requiere un repaso permanente para evitar consecuencias como un aumento en el gasto energético y en la conductividad térmica de los materiales, entre otras.

Tipos de humedad

Las edificaciones son susceptibles a sufrir 5 tipos de humedad, a saber:

  • Las producidas por lluvias y vientos
  • Las accidentales, producidas por falta de mantenimiento
  • Las producidas por errores de impermeabilización en fundaciones
  • Las producidas por agua sin evaporar de los procesos constructivos
  • La condensación.

En el caso de la humedad que se produce por la lluvia, especialmente acompañada por el viento, ésta suele afectar principalemente a los muros exteriores y techos, es decir, la envolvente de la vivienda. Sus consecuencias son prevenibles si se toman algunas consideraciones, como diseñar pendientes de cubiertas adecuadas, hermetizar los bordes de puertas y ventanas y colocar canaletas y bajadas de agua apropiadas.

Si nos referimos a la humedad del tipo accidental, producida por la falta de mantenimiento o por situaciones inesperadas asociadas a una construcción defectuosa (filtración de cañerías, por ejemplo), concluiremos que se puede evitar teniendo especial cuidado en el diseño y la construcción.

Para evitar los problemas que produce la humedad del suelo por errores en la impermeabilización bajo las fundaciones y por muros subterráneos, se recomienda realizar con anticipación sondeos y determinar el nivel freático del suelo, para luego llevar a cabo un drenaje, si corresponde. Tras ello, se debe impermeabilizar el hormigón utilizado en las fundaciones o protegerlas con films o geotextiles impermeables. Es importante aplicar aditivos en la elaboración de hormigones como el impermeabilizante hidrófugo que incorpora geles que obturan los capilares impidiendo el paso del agua, así como también reductores de agua como plastificantes, superplastificantes e híper plastificantes, productos que se encargan de reducir el agua de amasado, disminuyendo la porosidad.

En el caso de la humedad producida por el agua utilizada en los procesos constructivos aún no evaporada, quedando retenida al interior de los elementos, podemos prevenir su presencia a través de un correcto uso de los materiales. El secado resulta clave, especialmente en aquellos productos que incorporan agua a la obra gruesa.

Finalmente, si nos encontramos con condensación, producida cuando la temperatura de algún elemento (pared, pilar y vidrio, entre otros) es inferior al punto de rocío del ambiente (temperatura máxima a la cual se satura de agua), esta humedad es evitable, por ejemplo, con la instalación de barreras de vapor que consisten en láminas -generalmente de plástico- que se colocan en la cara interior de los materiales perimetrales.

Los materiales

Entender el comportamiento de los materiales de la envolvente ante la humedad es fundamental para enfrentar sus consecuencias, ya que ésta provoca disminución en la aislación térmica.

Cuando los poros (que tienen aire) se humedecen, se llenan de agua, la que al tener una conductividad hasta 22 veces mayor que el aire, permite que el material se haga conductor del calor, generando pérdidas o ganancias indeseables. El fenómeno conlleva un mayor consumo de energía por acondicionamiento térmico.

En el caso de los materiales de origen natural impermeables al agua, una mala manipulación puede producir filtraciones que decantan en el ingreso de agua al interior, generando un aumento de volumen por la solidificación del líquido. Esto constituye un serio problema, ya que la fuerza de expansión de este fenómeno puede separar bloques pétreos, debilitándolos estructuralmente.

Los materiales hidráulicos (hormigones, estucos, yesos), son de diversas densidades. Si la humedad, por ejemplo, penetra en el hormigón hecho a base de cemento hidráulico, puede provocar corrosión en su armadura y, con el tiempo, una pérdida en su resistencia estructural. En el caso de hormigones livianos, al tener más poros y burbujas de aire, pueden absorber una cantidad mayor de agua y disiparla de manera lenta.

Los materiales cerámicos (ladrillos, tejas, azulejos) son más permeables al agua, debido a su mayor porosidad. Por su parte, los metálicos, como el acero estructural, aluminio y cobre, son susceptibles a la corrosión en épocas de baja temperatura, ya que al formar puentes térmicos sufren condensaciones en sus superficies. Además, al entrar en contacto con agua ligeramente salina forman pares galvánicos, que generan corrientes eléctricas que corroen rápidamente el elemento.

En el caso de vidrios y ventanas, estas son impermeables, aunque es común que en invierno se produzcan condensaciones, al igual que en las maderas, en cuyo caso, el exceso de agua puede producir moho y la descomposición.

Otros materiales como paneles, tejuelas y algunas pinturas, láminas o fieltros no alteran sus propiedades ante la humedad, aunque los aislantes térmicos ven alterada su conductividad térmica.

Ante los efectos de este fenómeno en los materiales resulta importante tomar en cuenta el entorno al que se verán expuestos. Si bien se suele calcular la aislación de muros y techos a través de un máximo valor del coeficiente de transmitancia “U”, éste se determina en estado seco, sin tomar en cuenta que, en la práctica, la mayoría de los materiales se encuentran expuestos a estados húmedos, lo que podría traer diferencias en el cálculo del valor determinado.

Los daños

Las eflorescencias, apreciables en muros de ladrillo u hormigón, son una de las consecuencias de la humedad. Se generan cuando los materiales contienen sales solubles en su interior o cuando pueden absorber agua con sales disueltas. Al llegar la humedad a la superficie, arrastra la solución de sales y gracias a la evaporación del agua, aumenta su concentración hasta que se satura, cristalizándose en manchas blanquecinas sobre la superficie de los muros. A ésto se suma la llamada “pudrición húmeda”, relacionada con la aparición de moho y hongos, que pueden afectar a elementos estructurales principales (vigas y pilares), pudiendo llegar eventualmente a su colapso. Otros daños se relacionan con desprendimientos y grietas, ya que en presencia de agua se manifiestan algunos elementos infiltrados que posteriormente se dilatan.

La condensación

Ésta se produce en elementos que conforman la envolvente de una vivienda, producto de las diferencias de temperatura y humedad que se da entre los ambientes separados por el cerramiento. Puede ocurrir tanto en superficies (condensación superficial) como en el interior de un elemento constructivo (condensación intersticial). La mejor solución para esta última, que resulta compleja porque no se observa a simple vista, es la colocación de barreras de vapor como capa (polietileno, en general), films y pintura impermeable al vapor de agua, instaladas en muros perimetrales hacia el interior de los recintos.

Prevenir la humedad trae como ventajas la disminución de la aparición de mohos y hongos y de enfermedades relacionadas a éstos, así como un aumento en la durabilidad de la vivienda y de los niveles de confort higrotérmico. Además, genera ahorro en energía de calefacción, ya que las viviendas húmedas (especialmente por condensación intersticial), realizan un mayor gasto al contar con materiales que se hacen más conductores del calor.

Fuente | oyp.com.ar