La fábrica de mosaico [Anecdotario de un ingeniero civil #37]

Continuamos con la XXXVII entrega del anecdotario del ingeniero Francisco Garza Mercado.

Estoy seguro que la gente suele recordar más sus fracasos, afrentas y accidentes que sus éxitos, felicitaciones o su buena fortuna. Es humano recordar más lo que nos dolió que lo que nos proporcionara placer o alegría.

Tal vez por eso me acuerdo mas fácilmente de los trabajos que me resultaron mal o que tuvieron un accidente de construcción, que los que rutinariamente salieron bien.

Un arquitecto amigo recibió el contrato de diseño y supervisión de una fábrica de mosaico. Era una planta de 50 x 70 m*, con una cubierta metálica de siete naves de 10 m sobre dos marcos rígidos de 25 m de claro cada uno.

Un día acompañé al arquitecto a la obra, en una visita rutinaria de supervisión. Ya estaban todos los elementos de las cubiertas y los marcos montados pero pudimos observar que faltaban, sin necesidad alguna, las cruces de contraventeo de cubiertas y muros, mismas que estaban claramente indicadas en los planos.

Como estas son simples varillas, que cubican y cuestan muy poco, los montadores las dejaron para el final, dedicándole más atención a las partidas que les producen más, como los polines y los marcos. Este es un error más frecuente que lo deseable, generalmente sin consecuencias, pero no por eso menos peligroso.

Los contravientos son piezas secundarias y de poco costo, pero tienen la importante función de mantener las estructuras principales en su posición para trabajar correctamente. Sin ellos las estructuras se vuelven inestables.

Se lo hice notar a mi cliente y él a su vez, al contratista de la obra, asentándolo en la bitácora con la indicación de que la falta podía ser peligrosa.
La visita había sido un fin de semana, jueves o viernes.

El domingo siguiente mi cliente me anunció que toda la estructura se había venido abajo.

Al visitar el lugar vimos un espectáculo deprimente. Una violenta ráfaga había golpeado al edificio, desprotegido por la falta del contraventeo, rompiendo las amarras provisionales de cable ―de manila‖, provocando la rotura de las anclas de los marcos haciéndolos caer, arrastrando consigo y deformando las cubiertas. Por haber sido en domingo, no había en la obra personal, aparte de los veladores, que pudieran detener la caída. Nada se había salvado.

El arquitecto y yo estábamos tranquilos. Habíamos asentado la falta de los contravientos y el peligro. De hecho, probablemente debido a ese aviso se habían puesto un par de retenidas de manila, que no sirvieron de nada.

Sin embargo, durante el recorrido de la zona, un alto funcionario, creo que contador general de la empresa, viendo las anclas rotas dijo: ―Sin duda el derrumbe se debió a la falla de las anclitas‖… una frase muy corta y sin ningún fundamento técnico, pero que me causó muchos problemas durante los meses siguientes.

Les expliqué que las anclas tienen la función de fijar los apoyos durante la construcción, pero, debido precisamente al sistema de contraventeo solo trabajan a cortante. Al faltar los contravientos, la caída del marco rompió las anclas con facilidad como un martillo saca-clavos o un abre-sodas.; las anclas no eran para eso. Si las hubiera hecho muy poderosas, se hubieran entonces roto los pedestales o arrancado las zapatas de cuajo. Ya he visto pasar eso.

Alguien nombrado por ellos revisó el proyecto y lo encontró correcto; no obstante, mencionaban algunas fallas que no tenían nada que ver con el colapso, pero daban a entender que el revisador sabía más que el que autor del diseño en cuestión y que todo hubiera salido mejor si se lo hubieran pedido a él desde un principio.

Empecé a recibir en mi oficina ingenieros amigos del supervisor de la empresa, diciéndome que ellos si sabían el porqué de la falla: pandeo lateral, esfuerzos de viento, o cuantas causas se les ocurrían. Me pedían que yo hiciera los cálculos (ellos no sabían como o no querían) para justificar sus ideas. Con toda cortesía, pero cada vez con más exasperación, les pedía que ellos mismos los hicieran, que yo con todo gusto los revisaría y juzgaría. Generalmente no volvían.

Aunque seguro de no tener culpa alguna, me tocó recibir condolencias de amigos ingenieros, que habían oído del problema en que me había metido, y se ponían a mis órdenes para ayudarme en lo que pudieran.

Un error, que ni siquiera era mío, me estaba haciendo más famoso que todos mis aciertos.

La empresa buscó un tercero en discordia, no recuerdo si el Colegio de Ingenieros Civiles o la Facultad de Ingeniería Civil, que concluyó que el proyecto era correcto y fincó, por fin, toda la responsabilidad del desastre en el montador. Supimos después que la fábrica obligó al contratista a reconstruir por su cuenta la estructura, de acuerdo a los planos originales*, sin modificaciones.

Al arquitecto y a mí ya no volvieron a molestarnos.

Ingeniero Civil, que comparte información relacionado a esta profesión y temas Geek. "Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo"

Comments (3)

  • Reply diego cuellar - 13 septiembre, 2014

    La verdad que las anecdotas que nos relata el ingeniero garza mercado son tan practicas y utiles , relatandonos sobre todas sus obras a lo largo de su vida profesional , no pierdo una entrega y espero que tenga muchas anecdotas mas por contar , un saludo afectuoso al ingeniero y un agradecimiento a la pagina civilgeeks que tanto nos proporciona desinteresadamente

  • Reply Enrique Cuellar - 13 septiembre, 2014

    Creo que el Ing tuvo suerte de que los dueños de la obra en cuestiòn, no fueran personas “indeseables” que le hallan hecho pagar los daños, por màs demostraciones, notas de bitàcora, elementos legales o tècnicos tuviera para justificar su falta de culpa, a veces en este negocio nos topamos clientes con poder polìtico o fàctico que nos las hacen pagar aunque la culpa sea de otros, les recomiendo ” TENGAN CUIDADO CON LAS ESTRUCTURAS LIGERAS ” los desastres por cargas accidentales por granizo, viento o sismo, son mas comunes de los que piensan, no lo tomen a la ligera, se pueden perder vidas o por lo menos perder su patrimonio ( como fuè mi caso ), no dejen en manos de terceros la seguridad estructural, cuando participen en estos trabajos. Y por ùltimo fìjense bièn que clase de personas los contratan, ” A VECES ES MEJOR DECIR NO ” a ciertos trabajos por el simple hecho de la calidad de personas que nos quieren contratar, muchas veces nada mas para hachar culpas por si las cosas salen mal. Saludos desde Guadalajara

  • Reply Leandro Vazquez - 15 septiembre, 2014

    Por eso en Argentina, aprendi que las cosas se hacen o se reparan AHORA, sino, se paraliza la obra. Lamentablemente es asi, generalmente los contratistas no entienden el porque de los detalles tecnicos. Muchas veces sus años de obras, les hace creer que saben mas que el resto y no le dan importancia a los comentarios tecnicos. Siempre sucede, y siempre va a suceder, porque hay que estar en obra siempre en la ejecucion de una estructura metalica o una de hormigon.

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