La fábrica de silicatos [Anecdotario de un ingeniero civil #28]

Continuamos con la XXVIII entrega del anecdotario del ingeniero Francisco Garza Mercado.

A una empresa de ingeniería y construcción me tocó diseñarles la estructura de un edificio industrial para la fabricación de detergentes. Les comparto algunas anécdotas que creo interesantes.

Anecdota 28

El edificio sería de dos pisos; sin embargo, cuando ya las cimentaciones, columnas y vigas del primer piso estaban construidas, se decidió ampliarlo a tres o cuatro pisos, resultando entonces que las zapatas y las columnas resultaran muy escasas y el edificio tendría que demolerse y reconstruirse para las necesidades nuevas.

Por el contrario, les pedí excavar por debajo de las cimentaciones existentes, las cuales quedaron ―colgadas‖ de las trabes de liga al nivel del suelo.

Se construyeron bases bajo las zapatas existentes, con lo cual se dio el área y capacidad necesaria. Los pedestales y las columnas se reforzaron mediante ―camisas‖ de concreto reforzado. La estructura pudo concluirse sin mayor problema.

Se necesitó un semisótano, que continuaba en un extremo con un piso al nivel del suelo.

Entre el semisótano y el terreno exterior había un desnivel que se solucionaría con un muro de contención autoportante en el perímetro la planta excavada.

Entre la planta excavada y la baja, el muro divisorio lo diseñé, por razones económicas, como una ―Z‖, apoyado entre las losas de piso de ambos niveles. Un muro apoyado horizontalmente en sus extremos, resulta de mucho menos espesor, refuerzo y cimentación que un muro en voladizo, apoyado solo en su base.

No recuerdo porqué, pero el diseño fue revisado por un doctor en ingeniería. Dictaminó que, en el muro apoyado de piso a piso, que ya estaba construido, la losa superior quedaba en este caso dentro de la cuña deslizante a espaldas del muro. Según él, el muro estaba ―agarrado de la brocha‖, con peligro de derrumbe. Debía demolerse y reconstruirse como autoportante, similar al del resto del semisótano.

A mi pesar, tuve que reconocer que el doctor tenía razón, pero, en lugar de la reconstrucción y demolición, demostré que la ancha losa superior podía trabajar como una viga horizontal de gran peralte, apoyada entre los muros transversales, con solo adaptaciones menores.

El muro no tuvo que demolerse.

Las cimentaciones de molinos rotatorios, como los que se utilizarían en la planta, son tradicionalmente estructuras de concreto masivas y de mucha altura, suficiente para sostener el molino separado del piso y al nivel necesario respecto del horno.

Para evitar cimbras engorrosas y permitir la construcción inmediata del piso del sótano alrededor de las bases, propuse hacerlas con muros perimetrales de bloc rellenos de concreto con un poco de refuerzo, que servirían a la vez como cimbra para el colado de las bases y acabado exterior. Con tal fin se especificaron emboquillados.

A decir de los arquitectos del proyecto, las bases quedaron muy bonitas y originales.

Es posible que estas sean las únicas cimentaciones de molinos de este tipo, con sus caras aparentemente de mampostería de bloc.

Para el diseño de cimentaciones de maquinaria y equipos se recomienda esfuerzos bajos en el suelo, el concreto y el refuerzo. Por esto las zapatas del horno resultaron relativamente grandes, lo que contrastaba con el resto de las cimentaciones del edificio.

El residente de la construcción por la fábrica reclamó que estas zapatas estaban muy sobradas, y no aceptaba mi criterio acerca de la seguridad en este caso.

La controversia fue llevada ante el director general de la fábrica. Pensaba yo que si el residente, ingeniero civil, no aprobaba mi posición de seguridad, el director general, de otra profesión ajena, menos la aceptaría, obligando a mis clientes a cobrar solo lo estrictamente necesario y no las supuestamente grandes zapatas a punto ya de colarse.

Después de las presentaciones y de la exposición del residente, abrí mi argumentación con una pregunta dirigida al director general:

–‖Señor ¿Cuánto pesa usted?,

A lo cual el contestó un poco sorprendido‖unos ochenta kilos ¿por qué?

–―Porque la silla en que usted está sentado resiste con facilidad unos ochocientos kilos. Para su peso sería suficiente con patas mucho más delgadas y baratas. Pero lo que importa no es el costo de las patas, sino asegurar que usted no se caiga, que trabaje a gusto y que el mueble le dure mucho tiempo.

El director entendió de inmediato el asunto: las zapatas en cuestión costaban alrededor de 3 mil dólares, mientras que el horno tal vez costaría una 200 veces más. El costo de las zapatas era despreciable en comparación con el costo y, sobre todo, el buen funcionamiento del horno, corazón del sistema. No valía la pena correr el riesgo de asentamientos, grietas y fallas en la parte más importante y costosa de la fábrica.

Tal vez su residente pudiera haber tenido razón, pero las zapatas se aprobaron tal y como estaban diseñadas.

Ingeniero Civil, que comparte información relacionado a esta profesión y temas Geek. "Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo"

Comments (1)

  • Reply sergio - 2 septiembre, 2014

    Buen argumento el ultimo caso, lo voy a tomar en cuenta de seguro algun dia me va a servir.

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