El puente Pilón [Anecdotario de un ingeniero civil #15]

Continuamos con la XV entrega del anecdotario del ingeniero Francisco Garza Mercado.

Cubriría una cañada de aproximadamente 60 m de claro, con un solo tramo de dos carriles, de trabes de concreto presforzado. El diseño estructural, como era de norma en su tiempo, fue realizado por la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas de la Nación, pero la constructora que me empleaba, ganadora del concurso de construcción, intervino en la adaptación del proyecto oficial para usar el sistema de presfuerzo del que era representante, y en el proyecto de la obra falsa, a base de torres y armaduras de elementos metálicos prefabricados, tipo ―Mecano‖, que esta misma empresa producía.

Cuando estaba por concluirse el colado de la superestructura el puente se vino abajo, debido a la falla de una placa de unión de la obra falsa, quedando suspendido a aproximadamente un metro por abajo de su posición, sobre el remanente de los soportes.

Habiendo sido yo el encargado del cálculo del andamiaje, me invadió el pánico y no supe que hacer. Seguro habría consecuencias graves para la constructora y para mí. Ella sería sin duda sancionada con la reparación de los daños, que, aparte de lo material, incluiría los gastos hospitalarios de las personas que resultaron lesionadas (incluyendo a un ingeniero suizo, que la compañía había contratado precisamente como asesor del presfuerzo). Yo pensaba que seguramente sería reprendido y despedido. Era casi evidente que la obra tendría que ser demolida y reconstruida, pasando la contratista por todos los gastos.

En lugar de esto, mis jefes me ordenaron otra cosa: diseñar todo lo necesario para mantener y reforzar la obra falsa, a fin de proceder con la restauración del puente caído. Providencialmente, el colado estaba prácticamente completo y con muy pocos daños.

Con gatos hidráulicos muy potentes (los mismos que se emplearían para el tensado de los cables de presfuerzo), se izó todo el concreto (para entonces ya endurecido) y las armaduras provisionales, hasta su nivel de proyecto. Se cortaron ranuras en algunos lugares y se retacaron con concreto, a fin de facilitar las uniones entre las partes indemnes y restituir la continuidad de las vigas, después de lo cual se procedió con el tensado de los cables de presfuerzo.

Aunque sorpresivo, el criterio era sencillo: las vigas postensadas se pueden construir con dovelas prefabricadas de longitudes finitas, las cuales se unen entre sí precisamente mediante la compresión producida por los cables. Mis patrones, evitando el pánico, consideraron al puente desplomado como una serie de dovelas, que al fin y al cabo eran tan buenas como si se hubieran construido especialmente.

El resultado fue que, con muy poco costo, se rehabilitó íntegramente el puente, que cualquiera habría considerado como pérdida total.

No puedo asegurarlo, pero tengo entendido que la Secretaría no solo no hizo cargos, sino que consideró el accidente como un caso fortuito y pagó por la reconstrucción, como premio al ingenio, la prontitud y la buena disposición para reparar el daño. Yo, por mi parte, permanecí en la compañía varios años más.

Aprendí entonces que los ingenieros estructurales no debemos actuar con miedo y mucho menos caer en pánico. Los riesgos deben preverse y debidamente resolverse. Los accidentes de construcción , la mayor parte de las veces, tienen solución.

Esto sucedió hace unos 45 años y me acordé de ello hace unos días, cuando, viajando en automóvil hacia una obra en problemas, pasamos sobre el puente Pilón.

Ingeniero Civil, que comparte información relacionado a esta profesión y temas Geek. "Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo"

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