La ingeniería traduce en realizaciones prácticas los conocimientos científicos y tecnológicos de todas las actividades humanas.

Quizá la primera definición de ingeniería fue la del conde Rumford, quien en 1799 dijo que era: “la aplicación de la ciencia a los propósitos comunes de la vida.” Sin embargo la más conocida fue la dada en 1828 por el arquitecto británico Thomas Tredgold presidente de la Institution of Civil Engineers, la llamó «el arte de dirigir las grandes fuerzas de la naturaleza y usarlas para beneficio del hombre». Para esa época la definición era apropiada pues no se había consolidado aún el papel de la ciencia y la tecnología en el quehacer ingenieril.

A principios del siglo XX, las organizaciones ya intervenían en la definición, así en 1907 Henry G. Scott la definió como: “el arte de organizar y dirigir a las personas y controlar las fuerzas y materiales de la naturaleza en beneficio del hombre”, una amplia concepción que contrasta con la manera como, en 1928, los ingenieros civiles definían su profesión: «el arte de la aplicación práctica del conocimiento cientí- fico y empírico al diseño y producción o realización de varios tipos de proyectos constructivos, máquinas y materiales de uso o valor para el hombre».

De una manera más general, en la actualidad se proponen nuevas definiciones, cada vez más largas y complejas. Un ejemplo es la definición adoptada por el Consejo de Acreditación de la Enseñanza de la Ingeniería de México: «La ingeniería se considera como una profesión que mediante el conocimiento y aplicación de las matemáticas y las ciencias naturales, integradas en el estudio, la experiencia y la práctica, desarrolla un conjunto de métodos que utilizan y transforman los materiales y fuerzas de la naturaleza con economía y respeto al ambiente, en beneficio del ser humano.»

De acuerdo con la definición del Larousse “Ingeniería es la aplicación de los conocimientos científicos a la invención, perfeccionamiento y utilización de la técnica industrial en todas sus ramas. Estudios que permiten fijar las mejores orientaciones para la realización óptima de una obra o un programa de inversiones”. Otra acepción, también de Larousse es: “Arte de traducir en realizaciones prácticas el conjunto de conocimientos científicos y tecnológicos relativos a una rama de las actividades humanas, y por ello existen diversas especialidades de la ingeniería, las cuales aumentan a medida que aumenta el caudal de conocimientos y de sus aplicaciones”.

Una definición general es: “El arte de tomar una serie de decisiones importantes, dado un conjunto de datos completos e inexactos, con el fin de obtener para un cierto problema, de entre las posibles soluciones, aquellas que funcionen de manera más satisfactoria”, la cual fue propuesta por el ingeniero Hardy Cross.

Una definición adaptada al medio colombiano, es la elaborada por el ingeniero historiador Gabriel Poveda: «Ingeniería es el conjunto de conocimientos teóricos, de conocimientos empíricos y de prácticas, que se aplican profesionalmente para disponer de las fuerzas y los recursos naturales, y de los objetos, los materiales y los sistemas hechos por el hombre para diseñar, construir, operar equipos, instalaciones, bienes y servicios con fines económicos, dentro de un contexto social dado, y exigiendo un nivel de capacitación científica y técnica ad hoc –particularmente en física, ciencias naturales y economía– especial y notoriamente superior al del común de los ciudadanos».

En resumen, y de acuerdo con un grupo de ingenieros de la Universidad Nacional, “el ingeniero fundamenta su campo ocupacional en la aplicación del conocimiento de las ciencias naturales mediada por la utilización de las herramientas matemáticas; para aprovechar adecuadamente los recursos energéticos; transformar la materia y los materiales; proteger y preservar el ambiente; producir, reproducir y manejar información; gestionar, planear y organizar los talentos humanos y los recursos financieros para el beneficio de la humanidad mediante el diseño de soluciones creativas y la utilización de las herramientas disponibles. Para desarrollar esta labor el ingeniero se acompaña de científicos, tecnólogos, técnicos y artesanos, con el fin de materializar estas realizaciones o concretar soluciones.”

La ley sobre educación, Ley 30 de 1992, Artículo 36, la define así: «Ingeniería es la profesión que se fundamenta en los conocimientos de las ciencias naturales y matemáticas, en la conceptualización, diseño, experimentación y práctica de las ciencias propias de cada especialidad, buscando la optimización de los materiales y recursos, para el crecimiento, desarrollo sostenible y bienestar de la humanidad.”

Estas son definiciones de la ingeniería como profesión, sin embargo el vocablo ingeniería comprende más que eso, no hay que olvidar que la ingeniería era ya milenaria cuando se intentó definirla, nació antes que la ciencia y la tecnología y puede decirse que es casi tan antigua como el hombre mismo. Obviamente esta concepción de lo que es un ingeniero se sale de los estrechos marcos de las conceptualizaciones actuales. No se pretenderá que los ingenieros primigenios fueran científicos y mucho menos que conocieran la tecnología, eran simplemente ingenieros. Por ello ingeniero no es quien tiene título, es quien ejerce la ingeniería, la profesión que concreta los sueños y construye los ingenios de todo tipo, desde la rueda hasta los cyborgs, entendiendo como ingenio ya sea una máquina o artificio de guerra o bien una cosa que se fabrica con entendimiento y facilita la labor humana, que de otra manera demandaría grandes esfuerzos.

La primera definición de ingeniero que figura en el Concise Oxford Dicitonary continúa siendo: “Aquel que diseña y construye máquinas u obras militares”. En realidad la palabra ingeniero apareció en la Edad Media para designar a los constructores de ingenios, aunque junto con el sacerdocio y la milicia, la ingeniería fue una de las primeras profesiones en aparecer. Sin embargo, apenas en el siglo XIV el ingeniero empezó a desenvolverse como entidad separada a consecuencia de la empresa militar, proyectando fortificaciones, canales y armas de asalto.

Como señala Mumford la técnica en sus formas tradicionales no proporcionaba medios de continuar su propio crecimiento. La ciencia, al unirse a la técnica, elevó por así decirlo el techo de la realización técnica y amplió su alcance. Apareció la tecnología y en la interpretación y la aplicación de la ciencia apareció un nuevo grupo de hombres, o, más bien, una antigua profesión cobró nueva importancia. Entre el industrial, el simple obrero y el investigador científico, apareció el ingeniero moderno.

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En esta perspectiva la ingeniería es una de las muchas empresas sociales, relacionada con los grandes acontecimientos de la humanidad y se puede inscribir como participante en eventos como la revolución urbana, a través de las edades, el ingeniero ha estado al frente como un hacedor de la historia. Sus logros materiales han tenido tanto impacto como cualquier otro desarrollo político, económico o social.

Casi desde su inicio la ingeniería tuvo dos aplicaciones: una de uso cotidiano y una de uso mítico. El primer mundo conceptual corresponde a la solución de las necesidades civiles y militares que permitió construir todo tipo de obras y espacios para realizar actividades cotidianas y colectivas. La otra aplicación, de carácter sacro, se refiere a la fabricación de utensilios y la creación de espacios más complejos y se concretó, sobre todo, en las construcciones de templos y tumbas. Este aspecto mágico de la ingeniería podría indagarse en las obras de todas las civilizaciones, desde los megalitos, los ziggurats sumerios, las mastabas, pirámides y templos egipcios, los templos minoicos, los laberintos cretenses, los monumentos romanos, las catedrales góticas, las pagodas orientales, las pirámides americanas, las tumbas agustinianas, hasta los templos más modernos. Esto se puede rastrear en cualquier cultura, antigua o actual.

Así desde el mundo antiguo se percibió a la ingeniería como un quehacer que competía con las fuerzas naturales y las domeñaba, como una profesión atenta a la invención de los ingenios de guerra, de las máquinas de extracción del agua, de los caminos, de los canales, de los puentes, del desecamiento de los pantanos, de las galerías subterráneas, de los grandes ingenios portuarios, de las defensas de las ciudades...

Esa percepción de que la ingeniería enfrentaba las fuerzas de la Naturaleza comprendía en ella una componente técnica, pero sobre todo intuía una porción mágica, sagrada: el portento de alterar los ritmos y las figuras del ser natural. Unos portentos que asombraban, atemorizaban y hacían al mismo tiempo que el hombre se atreviera a lo insólito con el imaginar de su inventiva.

Sin embargo, por esa misma percepción los ingenieros han sido llevados al banquillo de los acusados por el gran público, de un lado, por quienes les exigen que hagan más por el bienestar de la sociedad y de otro, por los críticos del progreso y la tecnología, en especial los pacifistas y los ecologistas.

Para comprender mejor qué es la ingeniería, que se basa en la ciencia y la técnica y que encarna la tecnología, es conveniente adelantar algunas definiciones sobre éstas.

La ciencia

Ciencia es el intento sistemático de producir proposiciones verdaderas sobre el mundo. O sea que es ese creciente cuerpo de ideas, que puede caracterizarse como conocimiento racional, sistemático, exacto, verificable y por consiguiente falible. Es común dividir las ciencias en formales (o ideales) como la lógica y la matemática y fácticas (o materiales) de acuerdo con el objeto o tema de las respectivas disciplinas. Entre las ciencias fácticas, que a más de la lógica precisan de la observación o la experimentación, la distinción entre las ciencias naturales y las humanidades tiene una larga tradición. Dentro de las ciencias naturales se puede distinguir, además, entre el estudio de la naturaleza inorgánica (o física) y el estudio de la naturaleza orgánica (biología). En las humanidades, tal como se las ha definido tradicionalmente, se ha producido una escisión entre las ciencias sociales (que incluye ramas tan disímiles como la historia, la lingüística o la sicología) y las disciplinas estéticas o artes.

En las ciencias naturales la actividad en general está dirigida a producir un conocimiento objetivo de las leyes que rigen el universo. Aquí se entiende por ciencia una forma de saber que proporciona explicaciones causales, dilucidaciones de por qué sucede algo y por qué lo hace de cierta manera. Por ello posee una unidad total que Aunque existen variadas formas axiológicas de aproximarse a la ciencia, aquí se parte de que hay dos tipos de ciencia: la básica y la aplicada, ambas distintas de la tecnología. Entre la ciencia básica y la aplicada se da una diferencia por el grado de especificidad. En la ciencia básica se expresan correlaciones que, siguiendo a Padilla, son válidas para la totalidad de un universo de discurso.

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Por otro lado, en la ciencia aplicada, que es más específica, se restringe la aplicabilidad de las correlaciones. Esa es la diferencia fundamental. Cuando las correlaciones de la ciencia aplicada provienen por vía deductiva de leyes de ciencia básica y de datos, se dice que la ciencia aplicada correspondiente es una ciencia aplicada teórica.

Ciencia básica teórica

Ya se dijo que las proposiciones de la ciencia básica son de validez general y esa es su principal característica, son conceptos que, en cierto modo pertenecen al conocimiento mundial, están disponibles en todas partes. En este tipo de correlaciones generales no se tienen más restricciones para los valores que pueden tomar las variables, que las impuestas de manera general por la propia teoría. Tal es el caso de la teoría de la relatividad.

La ciencia básica es una gran construcción conceptual que, luego de la matematización de la ciencia moderna, puede expresarse por medio de ecuaciones generales, elegantes y simples.

Ciencia aplicada teórica

La ciencia aplicada se distingue de la básica no sólo porque sus correlaciones son de más corto alcance, sino porque esa restricción lleva a una aplicabilidad más inmediata en un ámbito específico, y real, del conocimiento. Se expresa en ecuaciones, donde intervienen parámetros y son características de la denominada ciencia aplicada. Cuando la correlación proviene de la ciencia básica y se restringe con la realidad de los datos, a la ciencia que la aplica se le llama ciencia aplicada teórica.

Ciencia aplicada empírica

Pero también hay ciencia aplicada empírica y sus correlaciones son descripciones de regularidades observadas, las cuales se consideran científicas por razones como las siguientes: a) su modo de obtención, procesamiento y presentación, b) su comprobación y posibilidad de refutación, c) su conexión, por la vía de los conceptos que en ellas intervienen, con alguna porción de ciencia básica teórica.

Las correlaciones se expresan en forma matemática, pero no pueden deducirse de otras leyes de la ciencia básica, además en sentido estricto no son leyes, sólo son expresiones matemáticas que describen los hechos observados. Lo cierto es que ningún análisis de una ecuación empírica de este tipo puede poner de manifiesto otra cosa que la correlación entre las variables que en ella aparecen. Por esto, la ciencia aplicada aunque presente un alto grado de especificidad no es tecnología. La tecnología tiene, siempre una intención utilitaria, en ella ha de ser posible encontrar, en el entramado de sus expresiones y de manera objetiva, la representación conceptual de esta intención.

En la ciencia aplicada empírica no necesariamente se busca conectar los resultados obtenidos con proyectos tecnológicos concretos y sus consecuencias económicas y políticas. El propósito utilitario de la investigación de este tipo, que muchas veces busca desarrollos tecnológicos, no está reflejado en el resultado mismo de la investigación.

Existen, pues, muchas definiciones de ciencia, y en casi todas se establece que la ciencia se ocupa de estudiar la naturaleza, distinguiéndola así de la tecnología, que se ocupa de controlarla y de cambiarla, aunque un examen más crítico sobre la esencia de la ciencia nos dice que ésta persigue el conocimiento de la naturaleza para controlarla más que para comprenderla. Distinción esta que se hizo evidente entre la técnica de los romanos y los egipcios y la ciencia de los griegos.

La ciencia puede ser considerada como la suma actual de conocimientos científicos, como una actividad de investigación o hasta como un método de adquisición del saber. El proceso científico puede caracterizarse, tanto desde el punto de vista de la elaboración, de la utilización y de la verificación de las teorías, como desde el punto de vista de los procedimientos experimentales, por la idea de la operación.

La ciencia actúa sobre estados dados, en simultaneidad o en sucesión, y se esfuerza por comprender el modo en que se conservan o transforman esos estados. Por supuesto, interviene activamente en los estados de los sistemas que analiza, con los métodos experimentales. Pero la meta que se persigue al efectuar estas manipulaciones es la de poner a prueba el esquema teórico de que se dispone, por ejemplo, examinando si los estados a los que se dirige el sistema corresponden a los que había podido prever partiendo de ese esquema.

La técnica

Es conveniente establecer la diferencia entre técnica y tecnología, aunque muchas veces los dos términos se usen indistintamente y haya quienes sostengan que es lo mismo. En cualquier caso el deslinde entre ellas lo establece la ciencia.

La técnica se refiere a las habilidades que producen resultados y más concretamente al arte de producción y mantenimiento de instrumentos. Ejemplos de la primera acepción son todos los desarrollos de la prehistoria, porque el hombre prehistórico sabía, por ejemplo, producir fuego mediante la técnica de frotar palos, pero no sabía por qué surgía la llama.

No tenía idea de los motivos de ese resultado, es decir obtenía un éxito ciego. Eso mismo sucede hoy, por ejemplo, con muchas técnicas médicas. Sin embargo en ciertos contextos, sobre todo en la filosofía, no se hace real distinción entre técnica y tecnología.

La tecnología

La palabra tecnología es una de las más utilizadas en la sociedad contemporánea, pero esto no significa que se haga de manera correcta, con exactitud y sin dualismo. ¿Qué es realmente la tecnología? ¿La habilidad para resolver cualquier problema? ¿La fuente de todos los males? ¿La manifestación física del genio inventivo de la humanidad? ¿El incremento que se puede obtener de una hora de trabajo o una unidad de capital? ¿El control de la naturaleza por la humanidad? ¿El control de cierta gente sobre otra gente sirviéndose de la naturaleza como instrumento? Todo esto, y mucho más, puede ser la tecnología según el punto de vista que se adopte al definirla. De acuerdo con su etimología es el estudio de los conocimientos incorporados en los objetos, procesos y, por supuesto, en las personas.

La tecnología puede definirse como la aplicación sistemática del conocimiento científico a las actividades productivas. En otras palabras es el conjunto de conocimientos utilizados en la producción y comercialización de bienes y servicios, que se materializa en máquinas y equipos, información sobre ellos, sobre los procesos, procedimientos y productos o puede ser poseída por los especialistas. Esta es, por supuesto, una definición limitada, pues en su sentido más general la tecnología incluye aspectos técnicos, organizativos y culturales. Entre los técnicos puede incluirse el conocimiento, la destreza técnica, las herramientas, las máquinas y las sustancias químicas, el personal, los recursos y los desechos. En el aspecto organizacional deben mencionarse las actividades económica e industrial, la actividad profesional, los usuarios y consumidores así como los sindicatos. En cuanto a lo cultural deben considerarse los objetivos, valores y códigos éticos, la creencia en el progreso, la conciencia y la creatividad.

Cuando la ciencia explica las causas sobre las que opera técnicamente, se tiene una técnica racional, es decir una tecnología. En este sentido la tecnología es un producto de la modernidad, es el resultado de teorizar científicamente sobre la técnica. La tecnología es entendida hoy como la «ciencia de las artes industriales». Industria, a su vez, denota inteligencia, creatividad, destreza en el trabajo de producción o útil. Por lo tanto, es común decir y entender, ahora reiterado, que la tecnología es la ciencia de cómo hacer las cosas; la ciencia hecha acción y la acción convertida en ciencia, por eso en ciertos contextos se le denomina tecnociencia. En la actualidad es algo tan complejo que algunos la denominan la máquina tecno-económica.

Como lo expresa elegantemente Borrero: «La tecnología es un punto de convergencia entre el conocimiento científico que puede implicar algún tipo de práctica (pero no utilitaria) y la práctica utilitaria de la técnica que conlleva algún tipo de conocimiento racional (pero no científico). En la tecnología se entrecruzan los antiguos propósitos de la técnica con las modernas posibilidades de la ciencia. La vieja actitud del homo faber y algunos logros de la intención del homo cogitans confluyen en el tecnólogo contemporáneo. Deudora por distinta vertiente tanto de la ciencia moderna como de la técnica tradicional, la tecnología contemporánea se distingue, al propio tiempo de ambas».

Durante siglos, la ciencia y la técnica evolucionaron en forma independiente: la ciencia, concentrada en el saber especulativo, que buscaba penetrar la realidad hasta sus principios mismos, pero ajena a las consecuencias prácticas del conocimiento; la técnica, basada en un saber enteramente práctico, que no carecía de racionalidad, sin verdadera justificación teórica, como se ha insistido. La idea de ciencia moderna, que surge con la revolución del conocimiento en los siglos XVI y XVII, cuestiona por completo la concepción de ciencia que separa la teoría y la práctica.

Mientras que la ciencia antigua es ante todo contemplación, o sea visión puramente intelectual de las realidades que están más allá del mundo sensible, la ciencia, que se impone a partir de Galileo, Decartes y Newton, se fundamenta en el intercambio entre la experiencia y la razón y no en el descubrimiento que hace la razón de los principios y verdades que no pueden alcanzarse por la experiencia.

Precisamente, lo que distingue a la ciencia moderna de la ciencia antigua es, la pretensión de conectar la teoría y la práctica mediante la acción del conocimiento.

La nueva ciencia (y la tecnología) encuentra un medio propicio para su desarrollo en la rica burguesía renacentista, interesada en las artes del ingeniero, que la ciencia oficial de entonces tendía a despreciar como actividad servil, más propias del artesano que del hombre libre. Mientras la universidad continuaba enseñando una ciencia sin contacto con la realidad, las investigaciones nuevas se desarrollaban con el apoyo de los príncipes y de los grandes burgueses. En el siglo XVII, las academias científicas, como la Royal Society y la Académie des Sciences, justificaron su trabajo.

Aunque a menudo se piensa que la ciencia se dirige hacia donde el saber la conduce, esa idea no es más que otra expresión del imperativo tecnológico.

Fue el cambio, de lo sagrado a lo profano, que se manifiesta claramente en el siglo XVII, lo que hizo surgir la moderna tecnología. La visión del mundo como objeto, más que como símbolo, condujo directamente a la percepción de que el hombre podía manipular el mundo natural; de ahí la máxima de Bacon «el saber es poder». La evolución tecnológica que cada vez es más rápida, adopta un carácter cada vez más sistemático, es cada vez más consciente.

La distinción entre ciencia y tecnología

La actividad tecnológica contemporánea está ligada a la práctica científica en sus más hondas raíces. Esta relación se hace más fuerte cuando la tecnología es más avanzada, de modo que hoy en día esa interfaz es, aparentemente, muy difusa. Pero hay distinciones muy grandes, que se olvidan, en su dinámica y en la manera como se da el conocimiento en cada caso.

Ciencia no es lo mismo que tecnología, pero cuán poco puede lograr la ciencia natural moderna, incluso la más poderosa, cuando es insuficiente el instrumental que le proporciona la tecnología. Pero no hay tecnología, entendida en sentido estricto, sin ciencia. Entre la ciencia y la tecnología no hay una relación de identidad, sino una relación de condicionamiento. La ciencia es, para emplear una expresión de raigambre kantiana, la condición de la posibilidad tecnológica.

La ciencia y la tecnología se distinguen por su actitud frente a la bibliografía, por sus respectivos procesos de investigación y, sobre todo, por sus mismas definiciones, la finalidad de la ciencia consiste en alcanzar un conocimiento científico fundamental y general, unas teorías cognoscitivas que deben juzgarse por su veracidad y no por su utilidad. En este contexto algunos autores consideran a la ciencia aplicada como un subconjunto adecuado de la tecnología.

Ahora bien, el conocimiento tecnológico propiamente dicho sólo surte efectos marginales sobre la humanidad, en el mejor de los casos. La incorporación de esos conocimientos en forma de innovaciones, nuevas prácticas industriales, la fabricación de nuevos productos, la reorganización de las instituciones, y la creación de nuevos servicios es lo que afecta fundamentalmente a todo individuo. Es decir, cuando se constituye en innovación tecnológica.

Se entiende así que «en el campo de la tecnología, se trata esencialmente de intervenir en el curso de las cosas, impedir que produzcan ciertos estados o por el contrario, para hacer aparecer estados que no lo eran espontáneamente. Y esto en función de ciertos objetivos dictados, en definitiva, por los sistemas de valores que rigen la acción y son los que determinan qué es deseable y qué debe evitarse.

El problema tecnológico propiamente dicho consiste en obtener el efecto apetecido, con el máximo de eficacia, es decir, de tal forma que se tengan las máximas posibilidades de obtener este efecto». Así, y citando de nuevo al padre Borrero, «tecnología significa intelección profunda de cuanto existe, de su ser y de su actuar. Intelección profunda de las cosas, de los seres inanimados, de los hechos y fenómenos de la naturaleza, de las leyes físicas.

Esta intelección conduce al sentido primario de la tecnología: lo físico, lo mecánico». «Intelección honda, también, de los seres vivos, orgánicos, de los organismos humanos y animales: tecnologías biológicas y médicas de que hoy tanto se habla».

«Esta intelección de los comportamientos humanos, colectivos e individuales, razón por la cual el concepto de tecnología, tan asido en sus comienzos al ámbito de las ciencias naturales, se adentró ya en el seno de las ciencias humanas y sociales: tecnología educativa, tecnologías sociales, tecnologías literarias...».

«Intelección profunda de cómo las cosas se originan, se cultivan, se desarrollan, actúan, producen y se reproducen, y de la forma como los seres se comportan en todo orden de la creación». «Este conocimiento acertado y hondo del ser y del actuar, adquiridos en orden a la tecnología, tiene por meta la conducción, manejo y modificación de los mismos ser y actuar de las cosas, hechos, fenómenos, realidades, por tratarse de un conocimiento eminentemente práctico a la vez que científico; lo cual nos explica, una vez más, la aproximación de la simple técnica al ámbito de la ciencia».

«En buena hora, al tiempo que los conceptos de tecnología y desarrollo dejaban de alinderarse, de manera excluyente, con lo físico y mecánico, con lo cuantificable, y se hacían conscientes de lo político, de lo intelectual, de lo espiritual, de lo plenamente humano, tecnología y desarrollo fueron descubriendo sus implicaciones ético-sociales, culturales, estéticas».

La profesión ingenieril: su identidad

Existe un problema no resuelto en la ingeniería –que tiene fundamentación cientí- fica, tecnológica y sociohumanísitica– y es que la tecnología moderna no puede ser reducida ni a la capacidad inventora ni a la mera aplicación de los conocimientos científicos. Ella se produce a través de la cooperación coordinada de los ingenieros (y en ciertos casos también de los científicos) quienes, en virtud de su conocimiento y capacidad especializados, logran que un producto tecnológico llegue a la madurez de su producción a través de un continuado proceso de construcción y desarrollo. Es decir que la ingeniería está subsumida en la tecnología, o mejor, en lo que la gente percibe en general como la máquina tecnocientífica e incluso tecnoeconómica.

Y ello ocurre así porque en la actualidad la ingeniería está asociada con otras disciplinas, como afirma el ingeniero Hardy Cross en su libro Los ingenieros y las torres de marfil. “Existe la costumbre de pensar que la ingeniería es parte de una trilogía: ciencia pura, ciencia aplicada e ingeniería. Se debe hacer énfasis en que esta trilogía es solamente una de la tríada de trilogías en las cuales encaja la ingeniería. La primera es ciencia pura, ciencia técnica, ingeniería; la segunda es teoría económica, finanzas, ingeniería; y la tercera es relaciones sociales, relaciones industriales, ingeniería. Muchos problemas de ingeniería están tan cercanos a los problemas sociales como a los problemas de la ciencia pura”.

No debe olvidarse que la ingeniería es, en los términos más generales, un constructo teórico que incluye a los ingenieros mismos, a la educación que los forma, a la sociedad que los acoge: en las diversas actividades, en las asociaciones de ingeniería y sus productos, sean bienes o servicios.

De acuerdo con las definiciones, antes que todo, la ingeniería es una profesión y a diferencia de las disciplinas no es una unidad discursiva discreta y especializada con su propio campo intelectual. Mientras las disciplinas –como la física o la filosofía– se orientan hacia su propio desarrollo, la ingeniería se aplica hacia la orientación fuera de sí misma. Dentro de la organización moderna del conocimiento la ingeniería es una profesión, y una profesión es una recontextualización de las disciplinas que operan tanto en el campo de ellas mismas como en el campo de las prácticas. Las profesiones son una interfase entre las disciplinas y las tecnologías que ellas hacen posibles.

De hecho, en las profesiones prima el principio de interdisciplinariedad dado que su origen o fundamento no está en una sola sino en diversas disciplinas. En esto se ha insistido en este capítulo respecto a la ingeniería, que generalmente se reconoce como una profesión, junto con la medicina, la odontología, el derecho, la arquitectura, y la educación. Tres atributos hacen que una ocupación sea una profesión:

  1. El esfuerzo intelectual
  2. El pensamiento creativo
  3. La motivación por el deseo de servir

Los dos primeros atributos son casi inherentes a la condición de ingeniero, pero –como señala Cross– en ningún momento debe olvidarse el tercero, pues un profesional es una persona que ejerce una profesión, y en sentido lato es todo aquel que tiene encomendada, de manera habitual, una misión que cumplir en beneficio de los demás, con la contrapartida a su favor del derecho a la justa compensación de su trabajo.

Un profesional –y especialmente un ingeniero– debe tener un cierto grado de competencia técnica, lo cual supone no solamente competencia en las artes y habilidades de la ocupación sino también una firme aprehensión del conocimiento básico sobre el cual se fundamenta la profesión. Un joyero puede requerir una destreza manual equivalente a la de un cirujano, pero el conocimiento suficiente para ejercer su oficio no se obtiene mediante largos años de estudio después del bachillerato. La competencia requerida por los ingenieros que diseñan y construyen un avión supersónico es más parecida a la de un cirujano que a la de un joyero.

Como una profesión demanda un alto grado de conocimiento tecnológico, hay una necesidad persistente de descubrir y diseminar conocimiento.

Un profesional está obligado a ayudar a crear conocimiento y a diseminarlo y aplicarlo. Hay muchas profesiones que tienen esta característica, la ingeniería es una de ellas.

Además de la competencia técnica y el conocimiento tecnológico, o quizá debido a ello, un profesional tiene la total confianza de sus clientes. Cada que el público viaja en un automóvil o en un avión, cruza un puente, usa un computador o utiliza la electricidad está depositando toda su confianza en los ingenieros. Finalmente, la profesión está caracterizada por un código de conducta escrito o no, que debe existir debido a la confidencialidad de su quehacer y la confianza depositada por el público en la profesión. Esto es fundamental, pues es un hecho, observable en cualquier organización de ingeniería, que los principales obstáculos al éxito de los ingenieros, individualmente o como grupo de trabajo, son más de naturaleza personal y administrativa que de naturaleza técnica. Hay que insistir en que no son, ni pueden ser distintos los principios que rijan la vida profesional, en cuanto tal, de los que deben regir la vida de cualquier ser humano. Sin embargo –es una insistencia– el profesional debe considerase como hombre completo, con su riqueza humana de cultura, de preocupaciones, de formación y de misión en la sociedad.

Por ello se comprende que «… el gran pecado del hombre profesional es su ignorancia. El desconocimiento de su misión servicial en la vida, o la amputación de su cometido, suplantándolo por otras finalidades de tipo egoísta. Cuando el profesional no se percata de su función irradiante en el entorno ¿qué ética puede tener? Quien ignora las metas que sus potencialidades y el país le señalan, quien no toma conciencia ni crea entusiasmo en ellas ¿cómo satisfacer sus responsabilidades?...»[9]. La ingeniería cubre un amplio campo de estudio y actividades, desde la agricultura hasta la construcción de barcos, de la microelectrónica al transporte, de la civil a la bioingeniería, muchas aplicaciones de la vida diaria están relacionadas con la ingeniería o dentro de su alcance. Cada entidad física y artificial usada por los humanos es producto de alguna de las ramas de la ingeniería. La ingeniería está tan entrelazada en el tejido de la sociedad moderna, que encontramos a los ingenieros empeñados en un amplio espectro de ocupaciones, sin embargo ellas tienen un núcleo que es el diseño. Posteriormente se dará la discusión sobre la diversidad de nuestra profesión.

Sin embargo, la crisis de nuestro tiempo y la crítica que tantos hacen a la ciencia y la tecnología (desde los fundamentalistas ecológicos, los literatos, los filósofos de la ciencia hasta los posmodernos) a menudo deja a los ingenieros sin argumentos, pues acostumbrados a la estimación que se les ha tenido en la edad del progreso y la tecnología, se ven criticados en campos que ellos no han estudiado, y la sociedad, acostumbrada a la oportunidad basada en la tecnología, se encuentra ahora enfrentada a grandes problemas generados por ésta. Sin embargo, a pesar de su cercanía y como ya se ha precisado, la ingeniería, como profesión, no puede confundirse con la tecnología y todo lo que ella implica. La ingeniería se basa en principios científicos pero aplica la tecnología e incluso la técnica empírica. Se dice que la ingeniería es arte y ciencia. Ya se anotó que precisamente, lo que distingue a la ciencia moderna de la ciencia antigua es, la pretensión de conectar la teoría y la práctica mediante la acción del conocimiento. Esta convergencia es el origen de la tecnología y de la ingeniería moderna.

En 1825 Augusto Comte dijo que:”Es fácil reconocer en el cuerpo científico tal y como existe ahora un cierto número de ingenieros distintos de los hombres de ciencia propiamente dichos. Esta importante clase nació necesariamente cuando la Teoría y la Práctica, que salieron de puntos distantes, se acercaron lo suficiente para darse la mano. Esto es lo que hace que su status propio esté aún poco definido. En cuanto a las doctrinas características adecuadas para establecer la existencia especial de la clase de los ingenieros, su verdadera naturaleza no puede indicarse fácilmente porque sólo existen sus fundamentos... El establecimiento de la clase de los ingenieros con sus propias características es de la mayor importancia porque esta clase constituirá, sin duda, el instrumento de coalición directo y necesario entre los hombres de ciencia y los industriales por medio de los cuales solamente puede empezar el nuevo orden social”.

Esta situación que previó Comte hace casi doscientos años no se hizo posible hasta la tercera era de la ingeniería, si estas se agrupan arbitrariamente en cuatro. La primera desde la antigüedad hasta más o menos 1750, la segunda de 1750 a 1850, la tercera de 1850 a 1950 y la última desde la II Guerra Mundial hasta ahora, cuando posiblemente se está iniciando una quinta. Esta tercera que se menciona estuvo marcada por la conquista de la electricidad y la puesta a punto del motor de combustión interna. En ella se incrementó la construcción, diseño y mantenimiento de barcos, puentes, edificios, máquinas, etc., más grandes; y los científicos empezaron a responder ciertas preguntas propuestas por los ingenieros. En esta era se construyó el puente de Brooklyn (1883), se extendieron los cables submarinos en el Atlántico y se construyeron grandes sistemas de transporte, generación de energía, y distribución. Nació la aviación y el cine se hizo un medio común de educación y entretenimiento, que fue pronto seguido por la radio y la televisión.

En esta era empezó la diversidad de las especialidades de la ingeniería, que se ha multiplicado casi sin límites en nuestra época. La actividad tecnológica contemporánea está relacionada con la práctica científica en una ligazón que se hace más fuerte cuanto más avanzada es la tecnología, de modo que hoy en día esa interfaz es muy difusa. Lo que se quiere resaltar es que, por otras razones sin duda, como la fragmentación y el poder avasallante de la tecnociencia, el estado de cosas descrito por Comte en 1825 persiste y parece que no se tiene definido “el status propio ni las doctrinas características adecuadas para establecer la existencia especial de la clase de los ingenieros y su verdadera naturaleza”.

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Y este problema de pérdida de identidad y de capacidad de respuesta a los interrogantes no encuentra contestación ni en la práctica ni en la educación. Esta última poco tiene que decir acerca de la gente y sus respuestas y preferencias, ya que el tiempo disponible se encuentra totalmente invadido por las propiedades de la materia, las leyes del movimiento, el comportamiento de la radiación, y otros aspectos del mundo inanimado. Y a pesar de que algunos ingenieros llegan a aceptar que el estudio apropiado de la humanidad consiste en el hombre, y vinculan esa percepción con su labor, son muchos los que no siguen ese camino. En realidad, no es necesario que estén todos especializados en cuestiones humanas, pero quienes no lo estén deben aceptar la restricción y la reglamentación de quienes sí lo estén, algunos de los cuales tendrán, a su vez, un profundo y apropiado conocimiento de la tecnología. Este problema de la falta de identidad de la ingeniería está relacionado con la complejidad, como se tratará más tarde. Es tan extensa nuestra profesión que los ingenieros mismos no podemos apreciarla en todas sus manifestaciones y además los que escriben la mayor parte de la literatura en pro y en contra de la tecnología –y de la ingeniería– son sociólogos, filósofos e historiadores, es decir no ingenieros.

Esto es paradójico, pues mientras el ingeniero tiene algunas bases de ciencias sociohumanísticas, los no ingenieros desconocen absolutamente los fundamentos de la ciencia y la tecnología, por ello es difícil que entiendan y puedan comunicar el lenguaje de la ingeniería. Y si son ellos los que transmiten los conceptos sobre aquella, ¿qué idea puede tener una persona corriente no ya sobre lo qué es la ingeniería –sobre la cual hay tan poca investigación teórica– sino sobre lo qué es un ingeniero? La mayoría de la gente concibe a los ingenieros de una manera instrumental, es decir, los percibe en términos de sus instrumentos y no en términos de lo que son y hacen. Por esta razón no ven la unidad –e identidad de la profesión– sino que sólo aprecian la diversidad aparente. Como señala Billy Koen, a la pregunta ¿Qué es un ingeniero? Generalmente se responde: “es una persona que fabrica productos quí- micos, aviones, puentes, carreteras”.

De los productos químicos, una persona común y corriente infiere la existencia de un ingeniero químico; de los aviones, la de un ingeniero aeronáutico; y de los puentes y carreteras la de un ingeniero civil. No sólo las personas corrientes, sino también los ingenieros mismos cometemos ese error. Debe insistirse en que los ingenieros no se caracterizan por lo que producen, por lo que hacen, sino por la manera como lo hacen, independientemente del producto final, pues detrás de cada producto químico, cada carretera o cada avión se esconde la actividad común que va desde su concepción hasta su concreción. Esta unidad –de acuerdo con Koen– es el método ingenieril, del que se tratará en el capítulo 5.

Por ahora, entonces, tenemos dos ejes que dan identidad a la ingeniería: su método –según la concepción de Koen– y el diseño –de acuerdo con Dieter– aunque en términos más generales lo que distingue a los productos del ingeniero debe ser la utilidad y la belleza, porque su tipo está bien establecido y sus partes estrictamente concebidas de acuerdo con su uso en el todo, porque la ley de la utilidad recubre y encarna aquí otra más profunda, la de la armonía matemática, y en general, la de la lógica. Porque su función se declara en la maravilla del doble ejercicio de la plasticidad: de cosa que sirve –o sirvió– como instrumento de utilidad y como cosa que sirve y servirá como instrumento del sentir [14]. En vista de lo anterior: “buscar lo que hay de común” es, sin duda, una base excelente para cualquier persona que aspire a dedicar su vida profesional a una de las ramas de la ingeniería. Ella da una visión más amplia y un criterio más universal, que facilitan enormemente la particularización posterior.

La encrucijada

Decimos que la ingeniería está en una encrucijada porque, compelida a contribuir al desarrollo del país está sometida a la crítica de quienes cuestionan su eficacia, sea el gran público, los industriales o el gobierno. De la misma manera recibe las maldiciones de los “verdes” y otros fundamentalistas que la culpan de todos los males que supuestamente encarna la máquina tecnoeconómica, crítica en la que obviamente incluyen la ideología, una dimensión que poco manejan los ingenieros. Esto, sumado a la situación general del país, llenan de perplejidad a los ingenieros y ciertamente nos hace pensar, a veces, que no sabemos qué camino coger. Sin embargo este es un sentimiento más o menos general asociado a veces con los temores de principios del siglo XXI.

Los terrores actuales no son, como hace mil años, los dragones y la peste, ni apenas los cataclismos, terráqueos o siderales. Lo que aterra a la humanidad en el nuevo milenio son otros peligros: el desempleo, la superpoblación, la contaminación del mundo, la destrucción de la naturaleza, las enfermedades incurables como el cáncer y el SIDA, el hambre regional generalizada, la violencia, la droga, el analfabetismo cultural, y, aunque con menos riesgos el holocausto nuclear, pues el efecto Hiroshima y su abominación de la tecnología está sin duda entre los terrores de los intelectuales. Tales preocupaciones están agravadas por las especiales circunstancias de Colombia y hay que conocer los sentimientos generales, pulsarlos y pensar que todos somos viajeros de la misma nave y que la falta de concierto en el actuar simplemente lleva al naufragio y el hundimiento de todos, de todos.

Por estas razones una reflexión sobre lo que es la ingeniería, sobre lo que hace y lo que debe hacer, es fundamental para todos aquellos que ejercen o aspiran a ejercer esta maravillosa profesión. Esta compresión de lo que es la ingeniería llevará sin duda a definiciones más amigables, que no impliquen “dominio de la naturaleza” sino más bien a ser una noble interfaz entre la tecnología y la humanidad. La ingeniería debe practicarse con una gran conciencia y preocupación en cuanto a las posibles consecuencias dañinas de la tecnología sobre las personas y la naturaleza.

Referencias

  1. Cross, Hardy, Engineers and Ivory Towers, Stanford University Press, Stanford, 1953, p. 158.
  2. Poveda Ramos, Gabriel, Ingeniería e historia de las técnicas, vol. I, Colciencias, Bogotá, 1993, p. 13.
  3. Mumford, L, Técnica y Civilización, Alianza Editorial, Madrid, 1982, p. 239.
  4. Valencia G., Asdrúbal, “Sobre la distinción entre Ciencia y Tecnología”, Revista Facultad de Ingeniería, Universidad de Antioquia, No. 15, Noviembre 1997, p. 143.
  5. Padilla, Hugo, “Las revoluciones conceptuales en la tecnología”, La filosofía y las revoluciones científicas, Grijalbo, México, 1979, p. 259.
  6. Borrero, Alfonso, Ciencia, tecnología y desarrollo, ASCÚN, Bogotá, 1987.
  7. Borrero, Op. Cit.
  8. Cross, Hardy. Ingenieros y torres de marfil. McGraw-Hill, México, 1998.
  9. Sánchez G., M. Deontología de Ingenieros, Aguilar, Madrid, 1960.
  10. Dieter, George Ellwood, Engineering design: a materials and processing approach, McGraw-Hill, New York, 1991.
  11. Comte, A., “Cuarto Ensayo”, (1825), Ensayos, Editorial Crítica, Barcelona, p. 53.
  12. Hawkins, George A., Student’s Engineering Manual, McGraw-Hill, New York, 1968.
  13. Koen, Billy Vaughn, El método de ingeniería, U del Valle – ACOFI, Bogotá, 2000. 14. Valencia, Asdrúbal, “La magia y el arte de la ingeniería, Revista Facultad de Ingeniería. Universidad de Antioquia, No.
  14. Agosto, 1997, p. 95. 15. Purón de la Borbolla, Alejandro, Principios de los Procesos de Ingeniería, Limusa, México, 1974.

Fuente aprendeenlinea.udea.edu.co