Existen distintas opciones para edificar una vivienda ecológica. La bioconstrucción aporta criterios y técnicas que garantizan una vivienda más saludable, utilizando materiales no contaminantes ni tóxicos, reutilizables y reciclables, ahorrando energía y aprovechando las energías renovables.

La elección de los materiales a utilizar en la estructura del edificio es una decisión clave al encarar una bioconstrucción. La bioconstrucción entiende a la vivienda como un organismo que nace y, tras una vida útil, muere y se descompone, intercambiando materia y energía con el medio que la rodea a lo largo de todo ese ciclo vital.

Para minimizar el impacto de la vivienda ecológica sobre el entorno es imprescindible utilizar materiales que no sean contaminantes en ningún momento del ciclo de vida y que puedan reutilizarse, reciclarse o distribuirse en el medio sin degradarlo. También es importante que no consuman mucha energía en su producción y en la fase de transporte.

En principio, es importante considerar los materiales disponibles localmente y la arquitectura tradicional de la zona, para trabajar en concordancia con el ambiente y el patrimonio local.

Se presentan estos sistemas como alternativas a las industrias contaminantes y para crear edificios de bajo impacto ambiental, y generalmente de menor coste de fabricación. Debe entenderse como menos coste de construcción la posibilidad de la autoconstrucción, es decir, que el usuario se construya su refugio, puesto que los sistemas de construcción que se describen a continuación son muy poco conocidos por la mayoría de los albañiles, con riesgo de que el resultado sea deficiente. Por otro lado, si se emplea mano de obra pagada para fabricar los elementos constructivos (como los adobes) resultan más caros que los fabricados en una planta industrial.

Se basa en las tradiciones de construcción con materiales primarios propios del lugar a edificar, como pueden ser el adobe (mezcla de arcillas, fibras vegetales y a veces excrementos secos) o la piedra.

La piedra es el material de construcción noble por excelencia. Reúne varias ventajas, como su larga vida, su buen nivel de insonoridad, inercia térmica y protección contra el calor del verano. En contraposición, sus desventajas incluyen un proceso de construcción más lento, mayores costes de mano de obra, el riesgo de deterioro por humedad y la insustentabilidad ambiental de muchas de las canteras de procedencia.

Por otra parte, el adobe es otra opción. Posee una buena capacidad de almacenar frío o calor, resulta cálido y tiene una emisión radiactiva muy baja. Además, se trata de un material abundante en cualquier lugar y fácil de trabajar. Asimismo, su extracción no insume daño al ambiente.
El tapial es una técnica que consiste en construir muros con tierra compactada y que posee características similares al adobe, en cuanto a ventajas y desventajas.

La bioconstrucción con balas de paja, por otro lado, está muy extendida en Canadá y Estados Unidos. Se trata de un material muy práctico y barato, con excelentes condiciones de aislamiento acústico y térmico y energéticamente óptimo.

Sin embargo, esta clase de material también tiene inconvenientes para su desarrollo. Aunque aparente ser fácil, el proceso de construcción tiene su complejidad. Es necesario tener en cuenta todos los detalles respecto a estructuras y prevención de incendios. Además, las balas de pajas pueden funcionar como escondites para insectos y roedores.

Finalmente, cada bioconstrucción es el resultado de la aplicación de la creatividad humana, teniendo como objetivos principales el ahorro económico y energético, el mejoramiento de la salud de las personas y el cuidado medioambiental, utilizando aquellos materiales que garanticen dichos preceptos.