La erosión ocurre cuando las condiciones son favorables para el desprendimiento y transporte de las partículas de suelo. Tanto la erosión laminar, como la erosión por surcos son causadas por el impacto de caída de las gotas de lluvia, por la fuerza cortante del escurrimiento superficial y el flujo concentrado en cauces, y por la combinación de ambos fenómenos. Factores como clima, erosionabilidad del suelo, inclinación y longitud de la pendiente y condiciones de la cobertura vegetal determinan la magnitud de la tasa de erosión.

Para reducir la erosión se han desarrollado muchas prácticas, no todas ellas de aplicación universal; sin embargo, donde quiera que el fenómeno de la erosión ocurra, existen tres principios básicos para un control efectivo, no sólo de la erosión hídrica, sino también de la erosión eólica:

1) incrementar la resistencia del suelo a las fuerzas erosivas.

2) reducir el impacto de caída de las gotas de lluvia sobre el suelo.

 3) reducir la fuerza erosiva de flujo ( volumen y velocidad).

La resistencia del suelo a las fuerzas erosivas se incrementa mejorando la estructura y la estabilidad del suelo, a través de medidas como incorporación de materia orgánica o de otras sustancias químicas (cal, yeso o fertilizantes), y de ciertas labores agrícolas (curvas de nivel, terrazas, bordos, presas filtrantes, etc.). El impacto de caída de las gotas de lluvia sobre el suelo se reduce fundamentalmente mediante el mantenimiento permanente de una cobertura que proteja la superficie del suelo (tipo vegetativo o simplemente artificial). La reducción de la fuerza erosiva del flujo se logra reduciendo el volumen de escorrentía superficial y la velocidad del flujo. La resistencia a la velocidad del flujo se puede incrementar mediante varias prácticas, tales como construcción de barreras, cultivo en contorno, tanto surcos, como fajas y terrazas. Igualmente se pueden utilizar estructuras hidráulicas de retención, conducción y control del agua y de almacenamiento.

Los tres principios generales indicados para el control de la erosión se agrupan bajo la denominación de conservación de cuencas y comprende todas las acciones que se acometen para conservar o proteger los recursos naturales de la cuenca al mismo tiempo que se extrae algún beneficio para el usuario a lo largo del tiempo, es lo que hemos denominado sustentabilidad. Las medidas de conservación de cuencas, se definen como aquellas actividades que evitan la degradación de la cuenca, tal como manejo de suelos y cultivos (manejo agrícola), de bosques, de praderas , de sitios de minas y construcción, de ciénegas , planicies de inundación y manejo de usuarios. Este último aspecto es de suma importancia para el éxito de los anteriores y se refiere a la forma de organizar los usuarios, ya sea a través de entrenamiento, extensión, investigación, etc con la finalidad de que acepten y soporten los programas de conservación.

Las medidas de rehabilitación de cuencas, son aquellas actividades cuyo objetivo es devolver a la

cuenca a su condición original, una vez que ha sido degradada a consecuencia del mal uso. En la práctica, sin embargo, no existe una diferenciación tan marcada entre conservación y rehabilitación ya que muchas medidas sirven para ambos propósitos, como es el caso del control del volumen de escorrentía y velocidad del flujo.

Para llevar a cabo un efectivo programa de técnicas de conservación deberan considerarse los siguientes aspectos:

  • Manejo agrícola.
  • Manejo de bosques.
  • Manejo de praderas y pastizales.
  • Manejo de áreas degradadas por la minería y la construcción.
  • Manejo de cuerpos de agua.
  • Manejo de cauces y planicies de inundación.
  • Manejo de riego y drenaje.
  • Extensión y asesoría para el manejo y conservación de cuencas.